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Mi dios es el balón

de MAROGAR .
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“El fútbol es la vida, y tal cual como a ella, lo vivimos sin que nos importe más que nuestro propio ombligo”. (Ignacio Benedetti).

             En una de las últimas revistas de “martipernau”, de nuevo da gusto leer al escritor Benedetti justo de un tema que llevo disertando hace tiempo: “Los medios de comunicación reniegan de su carácter pedagógico a favor de cobrar entrada a la nueva realidad: vivimos en la sociedad del espectáculo. Entonces, lejos de formar en la duda o impulsar la investigación, se comercian porquerías absolutas que no por gritarlas a todo gañote dejan de ser basura… Marcelo Bielsa advertía: “Es una vergüenza que los medios de comunicación eduquen a la gente, porque estos medios tienen intereses específicos y la educación tiene intereses diferentes, así como la familia tiene expectativas diferentes a las de los medios de comunicación". (…) “Se especializan en pervertir a los seres humanos según victoria o derrota. Esto se verifica en que lo que te hace importante cuando ganas es lo mismo que te hace inútil cuando pierdes”.

            (…) “… al fútbol nos acercamos a través de una pelota. Este es un juego que tiene a esa pelota como centro energético. Desde esa premisa, el reglamento permite un sinfín de posibles relaciones de un equipo con el balón, con el objetivo de vencer a un oponente. No es necesaria una determinada secuencia de pases ni de carreras para obtener la victoria. Tampoco, como expuso Juan Manuel Lillo, es obligatorio cruzar el medio de la cancha para marcar un solitario gol que decida el duelo. Es tal la libertad que las reglas ni siquiera dividen al juego en ataque o defensa. Sin embargo, a este juego de infinitas posibilidades le hemos limitado hasta el punto de darle validez a fases que, por ejemplo, invitan a despreciar esa relación natural del futbolista con el balón. ¿Cómo se marca un gol sin la pelota? Esa pregunta no tiene respuesta porque es imposible conseguir algo así, y porque quienes defienden esa tesis no les gusta el juego, les gusta “ganar”. Atendiendo los consejos de Francisco Seirul.lo y Joan Vilá Bosch se puede concluir que en el fútbol hay dos fases: una de disposición de la pelota y otra en la que se intentará recuperarla. Se juega con la pelota porque quien no dispone de ella tendrá más difícil imponer sus intenciones.  Bajo ese criterio, la frase reina, la que sugiere cierta inutilidad en la disposición del balón, queda como lo que es: un slogan publicitario, vacío y tonto”. 

            (…) “Las reflexiones que requiere el fútbol parten de la comprensión de las conductas de cada equipo durante esas dos fases del juego. Durante ese ejercicio se intenta identificar cuáles son parte de la identidad colectiva de un grupo humano y cuáles son producto de la circunstancia. Porque el fútbol también es eso: accidente, episodio, coyuntura. Esta es la magia del juego. Es imposible no enamorarse de una disciplina que conjuga con tanta naturalidad la interacción y la comunicación de aspectos en apariencia tan contrarios como son lo planificado y lo aleatorio, lo individual y lo colectivo. La simple existencia de aquello que es impensado dota a cada partido, a cada campeonato, de emociones que sólo la incertidumbre puede ofrecer… Entonces, si el juego es esto y mucho más, ¿cómo se explica que quienes dicen quererle, amarle y hasta cuidarle, conspiren contra esa realidad, intentando hacer de este juego algo previsible? El exceso de partidos y competencias erosiona al futbolista hasta convertirlo en un autómata que cumple órdenes. No obstante, son los medios y sus caras más reconocibles quienes debido a su notorio desprecio por la naturaleza del juego han desgastado al espíritu de una actividad que constituye una extensión de nuestra esencia. El fútbol nos hizo más humanos y nosotros hicimos humana y real una actividad que es mucho más que correr detrás de una pelota. Este es un juego de relaciones, de comunicación, de oposiciones y de posibilidades, porque, al final del día, el fútbol es el anhelo a ser más y mejor”.

              Sin embargo, no dejan de aparecer informaciones periodísticas que siguen haciendo mención a números estadísticos que, a mi parecer, dependen de la capacidad de maniobra con el balón. Veamos dichas informaciones: “De los 32 equipos de la “Champions”, el Barça fue el que menos corrió al sumar sólo 100,4 kilómetros, 21 menos que el Leverkusen, que fue el que más contabilizó” (AS, Javier Miguel, 24.10.2019) Y es lógico que surja la anécdota tantas veces contada en su día cuando Carlos Rexach apenas participaba en las tareas defensivas: “Correr es de cobardes”. En concreto, el Slavia de Praga acumuló 115,2 kmts., y los del Bayer Leverkusen que se enfrentó al Atlético de Madrid recorrió 121,1 kilómetros. A su vez, el Atlético de Madrid recorrió 117,2 kmts; y Valencia 108,7 kmts., mientras que Real Madrid llegó a 107,4 kmts. Por tanto, recorrer más distancia no es sinónimo de jugar bien o dominar el partido, más bien se confirma que la tenencia de pelota reduce los kilómetros recorridos en un partido.

              Me pareció una lección descomunal la que el “Cholo” Simeone nos transmitió cuando analizó la función de Koke en su equipo: “Desde lo futbolístico, ocupa demasiados lugares. Quizá centrarse más en lo suyo, porque muchas veces quiere solucionar mucho por su capacidad táctica. Quiera hacer más de lo que le compete y termina desgastándose más en lo que no es su responsabilidad. Como él quiere solucionar muchas cosas en otros sectores del campo, que no son solucionables. Con la capacidad táctica que tiene y la información que ha ido asimilando estos años, eso le ha hecho querer hacer más de lo que tiene que hacer. Es un gran profesional y un gran jugador”. Es como lo que explica Tony Nadal en “Marca Sport Weekend, acerca de su sobrino el tenista. “Yo soy un gran entrenador. Reúno tres características difíciles de reunir: tuve la suerte de tener a un gran jugador y así es más fácil parecer ser un buen entrenador; soy el tío de Rafael Nadal y siempre es más difícil sustituir a un familiar que a una persona ajena; y los mallorquines somos medio catalanes y vigilamos mucho el dinero, por eso durante años fui el entrenador más barato del circuito profesional”, es lo que apuntó Tony exhibiendo buen humor. “Nunca estuve satisfecho con lo conseguido y siempre intenté dejar en él ese punto de insatisfacción para que siguiera mejorando”, resaltó. Y continuó: “Cuando Rafael comenzó a jugar al tenis había pista, raqueta y bolas. Ahora necesita videoanálisis, estudios biomecánicos, estudios estadísticos, nutricionistas… y cuando fallamos cuatro bolas tenemos que recurrir al psicólogo deportivo en vez de ir a entrenar un poco más”. Tony escribió en uno de los vestuarios de la Rafael Nadal Academy que ahora dirige: “Nunca una excusa nos hizo ganar un partido”.

             Quizás debamos regodearnos con algún texto del libro “A ras de hierba”, de Miguel Ángel Ortiz, acerca del balón y su poesía. “Poesía son unos niños andrajosos que corren detrás de la pelota. Un verso que retumba en el bote del balón. El mordisco de verdín en los pantalones. Hay poesía en las tres líneas de tiza, escuálidas y torcidas, que dibujan la portería en los ladrillos de la pared. Y épica, y picaresca también, en el chupinazo que despeina a la vieja cargada con la compra. La poesía, a veces, se esconde a ras de hierba, asustada de los tactos que chirrían en el túnel de vestuarios. Muchos la encuentran en el silbido del árbitro, en un disparo seco que se estrella contra la madera. En la estirada antológica del arquero. Poesía en las botas. Poesía en el sudor que empapa la camiseta. Que la pega al cuerpo del guerrero. Poesía, y picaresca también, en la zancadilla del último defensa. Y, así, salta la chispa, el latigazo: nace la jugada, rimada como un verso, y al poeta solo le queda cantar el gol”.

            Paulo Dybala metió un gol “bandera” al Atlético de Madrid, en el reciente partido de “Champions “League”. Cuando su entrenador vio la posición inverosímil desde la que tiraría a puerta le increpó para que no lo hiciera. Y lo hizo. Y gol que supuso la victoria en Turín. Días antes de culminar esta jugada había declarado: “Sin el balón me pierdo… En la cancha quiero la pelota. He tenido entrenadores que me pedían que no me moviera, que esperase. Y yo no podía… Necesito tocar el balón, necesito acción. Creo que es eso, una necesidad. La necesidad de generar algo: de patear al arco. De gambetear o de tirar un caño. El gol es el gol, claro, pero pocas cosas me gustan más que dar una asistencia. Ese abrazo con tu compañero después del pase es tan lindo como un gol…” (…) “El fútbol educa. Es una educación que puede parecer invisible, pero te enseña a respetar a tus compañeros, a cumplir horarios y a mantener una disciplina. Los sábados tenía partido y el viernes me tenía que ir a dormir temprano. E influyen los padres, por su8puesto. En mi casa me recalcaban que me vaya a la cama cada fin de semana”.

            Por tanto, las ganas por el buen fútbol se confirman con un gran deseo de posesión del balón con el que construir jugadas ligadas entre todos los futbolistas con sus interrelaciones. Otros aspiran a la “posesión” del “Balón de oro”. Leo Messi recibirá su sexto trofeo de mejor jugador del mundo, frente a competidores como Mané, Van Dijk, o Cristiano Ronaldo que posee cinco trofeos en la actualidad. Las marcas del argentino se elevaron a 51 goles en 50 partidos y 22 asistencias, por ejemplo Cristiano se quedó tan solo en 28 goles y 10 asistencias en 43 partidos, quizás sea el tributo pagado por marcharse al fútbol italiano. En todo caso, el balón a veces se convierte en becerro de oro…

            Salamanca, 1 de diciembre. 2019.

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