Reflexiones urgentes, Liga 2017/18,

de MAROGAR .
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“Cuando las leyes de la matemática se refieran a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad”. (Einstein).

Ha bastado la pérdida del primer trofeo anual por parte del Barcelona para que su moral entre en barrena, seguramente porque lo perdió contra el Real Madrid, su eterno rival. Es posible que la baja de Neymar haya sido el detonante principal en la descohesión del bloque, pero deberíamos analizar otras razones estructurales. Messi siempre fue el pegamento de este equipo barcelonista que contribuyó en muchas victorias, muchas veces lo comenté hace varias temporadas, el Barcelona jugó muy bien y, a veces, ganando rutinariamente gracias a la precisión excepcional del argentino. Se notaban eslabones débiles en el juego, pero no se podía discrepar públicamente con tanta propaganda de buen juego porque, finalmente, siempre aparecía la solución infalible de Messi. Hasta ahora fue el salvador de resultados y un tornasol para los grandes defectos del juego en equipo. ¿Messi es insustituible? Seguirá siéndolo por algún tiempo, todavía…

Sin embargo, el aseguramiento de esa fortaleza por parte del Barcelona, ha dado también origen a un debilitamiento del bloque-equipo. Pagar bien al mejor parece lo correcto, pero es una cautividad del club, su debilitamiento financiero pudo dar lugar a que el resto de la plantilla cobrase menos con futbolistas de menor calidad. “A Messi que no le falte”, es el grito fácil de todo el entorno barcelonista, aunque ello ha dado un peligroso componente: La renovación del equipo se retrasó más de lo debido. A su vez, “La Masía” fue el gran mito para hacernos creer que era el sostén del modelo, de la cultura, del estilo y otras zarandajas teóricas que interesaba airear. Pero la realidad fue otra porque no fue capaz de “producir” a un portero que sustituyera a Víctor, ni tampoco un centrocampista que tomara el relevo de Xavi Hernández, o de un central marcador que relevase a Puyol… El mismo Iniesta no fue capaz de asumir el rol que ejerció Xavi y, a estas alturas, se encuentran con un futbolista desgastado que se mantiene entre algodones en muchas fases del Campeonato, incluso alimentando dudas en su futura renovación.

Luis Enrique contó demasiado con los mismos jugadores y mantuvo una reserva de jugadores con muy pocas oportunidades; con lo que la brecha entre los que jugaban y los que calentaban banquillo resultó excesiva. Y cuando se vio perdido, optó por la dimisión. Él habló de cansancio mental, pero seguramente había algo más que ya percibía al producirse una renovación insuficiente, se jugó de otra manera buscando resultados, pero el estilo nuevo no fue el adecuado. Eso sí, allí estaba Messi ejerciendo de bote salvavidas.

Antes del inicio de esta temporada, el Barcelona se empeñaba en fichar al centrocampista Verratti, quitándoselo al PSG. Este Club resistió el envite y no se dejó. Y, de paso, a los pocos días pagó la cláusula de rescisión de Neymar que ascendía a 220 millones de euros. Se fue un magnífico delantero y ahora hay que traer a tres o cuatro futbolistas pagándolos a precio de oro. ¡Indescifrable! Es fácil deducir, entonces, que el problema de calidad global de la plantilla ya se conocía y estaba instaurado antes, los fallos estructurales ya existían. ¿Por qué se quiere fichar ahora a otros futbolistas, sobre todo centrocampistas, si el que se fue era delantero? Todo denota que el Barcelona no dispuso de dinero suficiente… Por tanto, Messi sigue siendo la solución, pero también el origen del problema. Y Neymar, siendo un problema su marcha, también aporta una posible solución.

Esta mezcla de asuntos convierte el fútbol en complejo, encima el Real Madrid lleva tiempo cohesionándose como equipo, juega bien, gana, la plantilla está con gran confianza porque todos se consideran útiles gracias a la gestión del entrenador Zidane. La estrategia de éste con el asunto de las rotaciones quizás sea la aportación más subyugante de los últimos tiempos y una idea de futuro para el fútbol. A partir de ahora, muchos más entrenadores debieran imitarlo. Pero hay que ser precavido con las lecciones magistrales del fútbol que siempre se presentan como únicas y verdaderas. Es verdad que el Real Madrid ha ganado los primeros trofeos de la temporada 2017/18 y que su juego es consistente, variado y con muchas alternativas, no obstante, lo conseguido en el mes de agosto 2017 no garantiza ni el futuro más inmediato. El Barcelona, o cualquier otro equipo de la “Liga” o de la “Champions”, puede resurgir igual que puede hacerlo el Valencia, Sevilla, o Atlético de Madrid. El exceso de euforia reinante puede volverse en contra de los madridistas, ya he asegurado en otras ocasiones que el entorno de este equipo apenas sabe perder y, por el contrario, están muy mal acostumbrados a ganar.

En todo caso, mi escepticismo no quiere ser negativo, sino racionalmente positivo. Mucho se ha repetido sobre la necesidad de un “Director deportivo” para el Real Madrid y, sin embargo, a pesar de su ausencia, el Club se ha ido remodelando de manera adecuada. ¿Quién maneja en la sombra que no sea Florentino Pérez? Yo me acojo a esta máxima necesaria de Karlheinz Deschner: “Mi escepticismo me salvaguarda de volverme un fanático, algo contra lo que ninguna fe ha conseguido nunca proteger”.

Salamanca, 21. agosto. 2017.


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