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En momentos tan depresivos, prefiero ¡emocionarme! con el fútbol.

de MAROGAR .
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“Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar”. (Frederick Dodson).

            Son días complicados para mantener el ánimo y no emocionarse demasiado con cuestiones negativas originadas por la pandemia mundial del “coronavirus”, el ambiente es auténticamente depresivo debido al cúmulo de personas afectadas y su relativa proporción inusitada de fallecimientos siempre dolorosos.  Y nos afectan de manera genérica a todos los ciudadanos que intentamos combatir la plaga de manera cooperativa. En esta sensación de caos incontrolable, hay quien encuentra su ocasión, flagrante, para criticar a los políticos de turno que lideran tamaño reto. Alientan más la crítica a discreción que la búsqueda de soluciones urgentes, son muchos los estados de ánimo predispuestos a pasar factura. Algunos, no son mayoría, están convencidos de que es el momento para derrocar el orden establecido, no les alcanza el razonamiento que este suceso mundial negativo excede al localismo y la gestión de cualquier político, de cualquier signo, le hubiera explotado en las manos, todo ello va generando estados de ánimo agresivos a la búsqueda de cuantas más “cabezas de turco” a cortar mucho mejor. Del mismo modo, son entusiastas con la generación de jaurías para la “caza de brujas” masivas. 

            Nada está escrito en manuales y protocolos internacionales por lo que la comprensión de esta pandemia global entra en déficit. Sin embargo, se siguen propugnando soluciones acordes a ciertos estándares partidistas, eso sí, por encima de todo tienen que aparecer “culpables”. Hasta sorprende que tantos médicos especialistas estén desacreditando a sus propios colegas que tuvieron que tomar decisiones difíciles en momentos confusos y, ahora, presumen “a toro pasado” de que ellos tenían las soluciones perfectas ya hace tiempo. Este cáustico oportunismo por parte de muchos, enfermizo, ya habitual en momentos de crisis, siempre me resultará criticable y aseguro que mi ánimo es de desprecio a esas formas inquisitoriales: “¡Ya lo dije yo…! ¡Ya lo dije yo…!”, dicen ahora los muy “capullos”… Salvando las distancias, son como las crisis futbolísticas de los equipos cuando pierden durante un tiempo sin encontrar respuestas favorables a corto plazo.

            “Liberar al mundo de toda clase de charlatanes es realmente obra muy digna de ser realizada. Son los tales la plaga única del mundo, y sin ellos dejaría de ser un mundo diabólico, miserable y maldito, comenzando a convertirse en un mundo divino, estancia de un bienestar siempre creciente”, según nos decía Thomas Carlyle. En esta “Liga 2019/20”, hay informaciones dispares y todos se debaten aún sobre las fechas posibles de renovación de las competiciones, tanto en España como en el extranjero, tanto en las competiciones locales como en las internacionales. Ya se empiezan a calcular los daños económicos de los clubes de fútbol y se buscan soluciones temporales. En todo caso, aparecen noticias menos halagüeñas como las del virólogo alemán Jonás Schmidt Chanasit quien asegura: “No creo que se pueda volver a jugar a fútbol hasta 2021… ni a puerta cerrada”. O sea, todas las previsiones que se formulan para el próximo mayo están cuestionadas por este experto. Por lo cual, las competiciones en curso quedarían pendientes de solución definitiva. Y la sociedad civil se debate entre el miedo y, ahora mismo, para nada interesan las competiciones futbolísticas o deportivas.

         Un famoso y antiguo futbolista, Albert Camus, escribió un libro del que pudiéramos obtener reflexiones para el momento actual y recurro al escritor y crítico literario Rafael Narbona que nos ilustra resumiendo en el blog “El Cultural” ciertas enseñanzas muy productivas de “La Peste”:

“Las peores epidemias no son biológicas, sino morales”.

“En las situaciones de crisis, sale a la luz lo peor de la sociedad: insolidaridad, egoísmo, inmadurez, irracionalidad”.

“Y también emerge lo mejor, siempre hay justos que sacrifican su bienestar para cuidar a los demás”.

“La Peste” es una metáfora universal y trasciende su marco temporal y geográfico”.

“El escepticismo no nos ha hecho más libres. Solo nos ha dejado más desamparados”.

“No hay nada hermoso en el dolor, pero indudablemente nos abre los ojos y nos obliga a pensar”.

“La respiración de un moribundo es una objeción irrebatible contra la supuesta bondad de la vida”. 

“La inteligencia del hombre solo le hace más desgraciado, pues le muestra que el universo está gobernado por el azar”.

“Camus admite que sin la perspectiva de lo sobrenatural, todas las victorias del hombre son provisionales. La victoria definitiva y total corresponde a la muerte”.

“El hombre no es malo por naturaleza, pero su conocimiento de las cosas es deficiente. Sus actos más nefandos proceden de la ignorancia”. 

“No hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible”.

“¿Qué es lo ético en mitad de una epidemia? Luchar con “honestidad”. Luchar por el hombre, a pesar de todas sus imperfecciones. En esa batalla, el fanatismo ideológico solo estorba. Hay que mirar más allá, pensando solo en lo humano”. 

“La sensación de fatalidad, de estar en manos de una calamidad sin término, embota la sensibilidad. Lo humano retrocede, el espíritu se adormece, lo biológico usurpa el lugar de lo racional”. 

“El coronavirus nos está recordando la importancia del contacto físico. El ser humano necesita tocar a sus semejantes, sentir su cercanía. “Los hombres no se pueden pasar sin los hombres”, escribe Camus”. 

“No hay que lamentar el aislamiento impuesto por las autoridades. Es una buena oportunidad para explorar nuestra intimidad y buscar un sentido a la vida”.

            Y para compensar el estado de situación actual, necesito ¡emocionarme! con asuntos futbolísticos recurriendo a lo vivido y sus recuerdos imborrables. No en balde, Camus aseguraba que “lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. En consecuencia, releo mi libro “Futbolandia: Ensoñaciones, realidades y virguerías del fútbol”, allí encuentro joyas como el relato del gol que Zinedine Zidane logró para conseguir la novena “Champions League” para Real Madrid, así como los detalles exquisitos de la técnica y posición final, increíble, del goleador francés, aquella escaramuza técnica de muy difícil ejecución fue un canto a la excelencia futbolística (https://as.com/videos/2017/11/28/portada/1511888807_615639.html). Yo la llamé la “Novena Sinfonía de Zidane”. También aparece allí, en el mismo libro, la jugada realizada por Maradona para conseguir “el mejor gol” conseguido en el fútbol, no digamos si dicha jugada la acompañamos del relato radiofónico del locutor argentino Víctor Hugo Morales (Todavía pueden encontrarlo en https://www.youtube.com/watch?v=8LqppgMuqq8). ¡Jamás escuché algo tan emocionante! Como diría Johan Cruyff: “Gallina de piel…” Es el colmo de nuestras emociones futbolísticas, Méjico 1986.

            También consulté en estos días de confinamiento, huérfano de competiciones futbolísticas en real, unos relatos de fútbol, relatos africanos, del libro “Hijos del balón” y sintetizo lo más alegre del fútbol que podríamos imaginar en cualquier partido de cualquier fin de semana, firmado por Yahia Belaskri: “Gol. Espléndido gol. Como un hermoso pastel de chocolate. El balón está en la izquierda, en los pies de un atacante que supera por velocidad a su adversario, centra, con la izquierda. El balón, sale, asciende, supera a los defensores. En el segundo poste, el compañero de equipo, totalmente desmarcado, bien colocado sobre su pie de apoyo. Alarga la derecha en extensión y golpea el balón con el empeine. Una bolea. La pelota se aloja en la escuadra. El portero, pasmado, rodilla en tierra y cabeza al aire, comprueba los daños. Gol. En medo de sus compañeros que quieren sujetarle, hacerle caer, el goleador emprende una loca carrera, tropieza, está a punto de caer, se incorpora, sigue corriendo, tritura su camiseta, la besa, se arroja al césped, resbala varios metros con los brazos abiertos. Los reservas, en el banquillo durante el partido, están ya sobre él, los demás llegan, se arrojan sobre el grupo. Unos sobre otros, los jugadores se muestran exultantes. El público enloquece con los brazos al aire, los pechos se hinchan, brotan los cantos: “A los blancos y negros/durante toda mi vida/ seguiré/ haga el tiempo que haga”. Leyendo con calma, imaginando las acciones, realizando vídeos mentales, son relatos sobre lo más esplendoroso del fútbol: El gol. Y sus expresiones de júbilo. ¡La emoción del fútbol!

         Y todo lo que ahora está ocurriendo tendrá consecuencias futuras como leo en “todomercadoweb.es”, un ejemplo sería lo declarado por “Richard Cramer, abogado inglés centrado en el terreno deportivo, afirmó en “The Sun” que la economía en el fútbol puede cambiar “para siempre” si la parálisis del sector por el coronavirus se extiende durante más de dos meses, y una de las principales consecuencias será la bajada drástica de los salarios de los futbolistas: “Las recaudaciones por patrocinios y por televisión van a bajar de manera dramática. Por ejemplo “Sky” deberá renegociar su aportación a los clubes y estos tendrán que buscar la viabilidad económica renegociando a su vez los contratos con los jugadores. Se acabaron los salarios de decenas de millones de libras". Así que reflexionemos serenamente al respecto: “Nuestras emociones pueden ser nuestra mayor fortaleza o nuestra peor debilidad. Todo dependerá de cómo las manejamos”, decía un pensador anónimo. Por eso, tenía mucha razón el escritor Jorge Bucay cuando aseguró que “No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones”.

         Salamanca, 23. marzo. 2020.

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